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Viaje por el tiempo sin moverte de la mesa

Madrid, 13’30 horas, 17 marzo. Juan B. busca un restaurante sin turistas por el centro de la capital. Difícil. Pasa junto a uno y de reojo ve tras la cristalera varias mesas pequeñas. Hay gente de aspecto local comiendo platos sencillos: ensaladas o judías verdes. Otro cliente se relamía repasando todos los recovecos de un recipiente donde le habían servido el postre. Luego supo Juan B. que era helado de turrón. Había un matrinonio de mediana edad que resultó ser de la vecina Francia. El señor se equivocó en el menú. Juan B. lo imaginó por la cara que puso al ver el pincho de tortilla que sirvieron a otra cliente.

Gente local, comida casera… qué más necesita nuestro protagonista. Eran mesas con una o dos personas. Al acabar, el del helado de turrón conversó con la señora que había comido la ensalada de primero. Ambos hace tiempo que están jubilados. Se conocían y de la conversación se desprendían dos detalles. Uno, que un tercer anciano hacía tiempo que no aparecía por los lugares habituales que acostumbraba antes. Vaya. El otro era que el comedor de un determinado centro al que acudían no había abierto tras la pandemia. Se despidieron.

Pensaba Juan B. que este bar restaurante era centro social para ancianos cuando entraron unas señoras de mediana edad. Cinco. Pidieron unos pinchos de tortilla y lacón con tomate. Aquí es donde el francés se dio cuenta de que había pedido mal. Poco después llegó una pareja joven. Ella parecía de Europa central o del norte y él tenía rasgos orientales. Apenas hablaban castellano, pero pidieron lo que deseaban comer. O no. Porque el muchacho puso una cara muy gráfica demostrando que no sabía qué relación tenía lo que él había pedido con las judías verdes y taquitos de jamón que le habían puesto en la mesa. Le pasó como al francés.

Total que, durante la comida, Juan B. cambió de compartir espacio con gente mayor de gustos sencillos a hacerlo con gente más joven, con gustos taperos, o turistas de lejanos países. Un cambio espectacular en poco rato. Eso sí, los extranjeros no aciertan con el menú. Me parece (a mí).

P.D. Al parecer, Juan B. se decantó por las judías verdes, un lomo con patatas fritas y un flan. Todo muy casero.

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